Seguridad en Vuelo

Mayday, mayday, mayday…!!


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Puede que ésta sea la frase más incómoda que un piloto tenga que transmitir a lo largo de su carrera profesional. Pero, ¿qué antecede a esta famosa transmisión en un procedimiento de emergencia?

Siempre se ha dicho que los pilotos nos tenemos que meter las manos debajo del trasero cuando surge una emergencia, ya que precipitarse en el procedimiento puede agravar la situación enormemente. Y es cierto. Nadie está totalmente preparado para afrontar una emergencia, puesto que lo que no se practica nunca sale bien y las emergencias, gracias a Dios, no se tienen todos los días. Solo el entrenamiento en los cursos periódicos, la aplicación correcta de los procedimientos establecidos y la tecnología que nos proporcionan los sistemas de las modernas aeronaves, nos aseguran que las situaciones críticas que pueden surgir en un vuelo se resuelvan con cierta seguridad.

Sin embargo, existe un procedimiento general que facilita el control de la aeronave inmersa en una emergencia. Este procedimiento se rige por la siguiente secuencia:

1.- Volar.

2.- Navegar.

3.- Identificar.

4.- Combatir.

Una de las emergencias más graves que una tripulación puede experimentar con su aeronave sea la de un fallo en uno de sus motores, ya sea fuego, parada involuntaria, despliegue de una reversa, explosión o cualquier otro horror que el destino nos pueda ofrecer. Hay otras averías no menos importantes, pero el quedarse sin potencia, especialmente en una fase crítica del vuelo como en un despegue hace que el factor sorpresa reduzca el margen de seguridad. Por esta razón, la primera acción que debe realizar la tripulación, en concreto el PF (Pilot Flying), es la de volar el avión. No importa lo que suceda. Primero hay que volar el avión y no dejar que caiga al suelo bajo ningún concepto. Los aviones están diseñados y certificados para volar con el fallo de un motor y con el máximo peso al despegue.

Una vez el avión está controlado, hay que dirigir la aeronave por el camino más seguro para evitar impactar con el terreno elevado, es decir, con alguna montaña, antena, casa, etc. Para ello, si están publicados, se seguirá la ruta SEOP (Single Engine Operation) de cada aeropuerto sin excusa alguna, según las FAR 25.

Identificar la emergencia evitará aplicar un procedimiento distinto al propio establecido para la emergencia en la que se está inmerso, reduciendo el tiempo de resolución y evitando complicar las cosas más de lo que ya están. Por ejemplo, si en el fragor de la batalla se aplica el procedimiento de extinción de fuego cuando en realidad se ha sufrido un “simple” apagado de llama, las consecuencias pueden ser desastrosas. Este punto se suele confundir con comunicar el hecho al Centro de Control. Si, hay que comunicar la emergencia, pero entre la tripulación, precisamente para identificarla. Es muy importante comunicar a Control lo que ocurre, especialmente para alertar a las brigadas SAR (Search And Rescue) o Búsqueda y Salvamento, pero al final del procedimiento. De hecho, en muchos accidentes la tripulación, se dice en los medios de comunicación, que “…no reportaron ninguna anomalía por radio…”. Quizá porque primero tenían que hacer lo establecido.

Por último, cuando ya se tiene claro la emergencia de que se trata volando controladamente hacia el destino, inicial o alternativo, se ha de combatir la emergencia según el procedimiento establecido por el fabricante de la aeronave y la compañía propietaria. Sin prisa pero sin pausa. En un avión casi siempre hay tiempo para todo, solo hay que aplicar el procedimiento en el momento adecuado. Precipitarse trae como consecuencia accidentes tan lamentables como el de Spanair el pasado 20 de Agosto de 2008.

Felices vuelos a tod@s.

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