El Plan Nacional de Seguridad español (PNS), basado en Anexo 17 de la OACI
y en el Reglamento (CE) 300/08 de la U.E., desarrolla los procedimientos y normas para garantizar, lo más eficientemente posible, la seguridad aeroportuaria. Está constituido por 16 capítulos y 1 anexo el cual incluye 19 instrucciones particulares (las conocidas SA´s). En lo que al control de acceso de las tripulaciones a las instalaciones aeroportuarias se refiere, se está aplicando la SA-14 (Procedimiento de Control de Seguridad para la tripulación de compañías aéreas). Dicha instrucción tiene la consideración de difusión limitada, y la consecuencia más inmediata e ilógica de su aplicación es que las tripulaciones pasamos de ser garantes de la seguridad en las operaciones aéreas a ser considerados potenciales amanazas para la seguridad aeroportuaria.
Todo conjunto de medidas encaminadas a reducir las amenazas en los aeropuertos y aeronaves deberían ser bienvenidas, siempre que sean lógicas y adecuadas al colectivo al que se dirijan. Si la citada normativa admite como válidos los documentos que actualmente acreditan a las tripulaciones, complementados por los manifiestos de tripulaciones y se tiene en cuenta que la tripulación en general y los pilotos en particular tienen a su alcance el poder vulnerar la integridad de las aeronaves, en mi opinión es incongruente e injustificado el control tan exhaustivo que se hace de las tripulaciones en los filtros de acceso. Insisto en que la Autoridad aeroportuaria debe ser consciente que si una tripulación quiere hacer daño, no lo va a hacer metiendo un arma ofensiva a bordo, sería mucho más fácil que eso. Por otro lado, en cuanto a “integridad”, pienso que las tripulaciones por su sueldo, su vocación, su acreditada profesionalidad o simplemente porque no hay casos de tripulantes “kamikazes”, representa un colectivo más difícil de “seducir” que el resto del personal que trabaja en los aeropuertos.
Es un hecho constatado personalmente y por mis compañeros, día a día, que dicho personal soporta unas medidas mucho menos exhaustivas que las nuestras. En Barajas p.e. entra personal trabajador de AENA sin pasar filtro, por la puerta de salida de pasajeros. En todos los aeropuertos el personal de limpieza pasa por los arcos de seguridad, pitando, sin que sean inspeccionados sus carros.
Se puede entender y así lo justifica AENA, que el método incluya aleatoriedad en los controles más exhaustivos. Se puede entender que según el grado de alerta, se incremente el nivel en las medidas de seguridad. Se puede entender que según el tráfico de pasajeros de un aeropuerto, se apliquen medidas más estrictas. Pero lo que es intolerable es la arbitrariedad de los vigilantes de seguridad (que no de la Guardia Civil, normalmente).
La experiencia constata que, dependiendo del estado de humor u otros condicionantes que desconozco de los citados operarios, abusan de o malinterpretan las instrucciones que han recibido. En un mismo aeropuerto, mismo día, dos vigilantes distintos en un mismo puesto aplican procedimientos distintos. P.e. en Barajas, un vigilante nos pide sacar el ordenador de la bolsa y abrir la tapa (alucinante, no se para que sirven los Rx entonces) y el siguiente vigilante, tan sólo una hora después nos dice que eso es innecesario. Yo a esto lo llamo con todo respeto para los que no responden al siguiente perfil, el “síndrome del portero de edificio”, o sea, no se trata de ser un profesional a ultranza, sino de mostrar que el que manda en ese sitio (sin poseer realmente ninguna autoridad) soy yo.
La seguridad total es una entelequia. La atención prestada por el personal de seguridad a lo largo de su turno de servicio, cae proporcionalmente a su carga de trabajo. Por lo que el personal de seguridad debería ser entrenado para dirigir su atención principalmente hacia los comportamientos más sospechosos. Esto es lo que se conoce como profiling. En paises como EE.UU. se aplica este procedimiento, desdeñado por algunos por rayar en el racismo. La estadística debe servirnos para algo y ésta indica que hoy por hoy la mayor amenaza para la aviación es el integrismo islámico, en concreto Al-Qaeda y el personal que figura en sus filas es de una raza muy concreta, por lo que hacer profiling en este caso, creo que está plenamente justificado y puede ser útil. Además también es incoherente, no hacer profiling al citado colectivo y sin embargo aplicar unas medidas tan estrictas con las tripulaciones.
Las tripulaciones son las primeras interesadas en la seguridad aerea, pues si falla ésta podríamos ser las pimeras victimas, por lo que la Autoridad aeroportuaria debería reconsiderar la aplicación de la SA-14 y redactar un procedimiento más acorde con “la gran amenaza” para la seguridad que suponen las tripulaciones de vuelo (léase esto último con ironía, ¡por favor!).

Rss
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¡Enhorabuena por el artículo Angel! Totalmente de acuerdo.
Vivimos en una sociedad tan competente y agresiva que prima el “yo te denuncio”. Primero denunciar (no necesariamente en un juzgado, la prensa ya se hace cargo de ello publicando el hecho en su medio) y luego ya te apañarás.
Escribo esto, porque además de lo que has escrito, me parece un agravio comparativo y una competencia totalmente desleal, que se cargue contra las compañías aéreas en beneficio del AVE, dándole a este último excesiva propaganda.
La mayoría de los usuarios, especialmente los que viajan solo en periodos vacacionales, piensan que el AVE es más eficaz a priori porque les lleva, no siempre, puntualmente a su destino. Sin embargo, a estos usuarios no se les informa que las infraestructuras necesarias que se han habilitado para el funcionamiento del ferrocarril no las financia ninguna compañía privada, sino que es el propio usuario el que las paga con sus impuestos, se obtengan beneficios o no. Esto, una compañía aérea ni se lo plantea, como cualquier otra empresa privada en cualquier otro sector. ¡Cuánto dinero tuvo que costar Iberia al Estado para privatizarla!
Por otro lado, lo mismo ocurre con los filtros de seguridad. En España no se ha producido un atentado grave contra la seguridad aérea de la magnitud del 11-M. Se vuelve a cargar contra las compañías aéreas molestando a los pasajeros y a las tripulaciones especialmente para acceder a los aviones, cuando en las estaciones de tren los controles no son tan exhaustivos. Hay que recordar que un convoy cualquiera transporta muchos más viajeros que cualquier avión, resultando más catastrófico un posible atentado terrorista que en una aeronave, como ya se sucedió en los atentados en Madrid. Esto origina los retrasos que hacen que, en este aspecto, la aviación no pueda competir con el tren.
Si a todo lo anterior le añadimos la incompetencia, tanto por exceso como por defecto, de los agentes de seguridad de los filtros y de muchos empleados de las puertas de embarque, la imagen que da el transporte aéreo a los pasajeros deja bastante que desear. Entre unos y otros las tripulaciones de vuelo, especialmente los pilotos, vamos hacia el abismo. Sin lugar a dudas. La cuestión es ponernos zancadillas para ir al trabajo.
Así nos va.