Adaptación de “I Want To Believe”
Fotografías de “Tan Largas Pestagnas” “Mundomagos” “Elcrisonline”
Lo han visto, lo han visto y no lo han creído: un avión de varias toneladas, con un centenar y medio de pasajeros dentro no puede levantarse así como así y comenzar a volar. ¡Y no empiecen a hablarme de leyes físicas!. La aviación comercial es un caso claro de hipnotismo colectivo.
Arthur C. Clarke decía que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia pero todo tiene un límite y las leyes físicas no son una excepción. Lo que mantiene al avión en el aire no son los motores ni ley física alguna, no… es una mezcla de miedo, esperanza, tensión muscular y autosugestión. Vamos dicho con otras palabras: el avión lo subimos los pasajeros a base de concentración. Pero antes de que empiecen a protestar voy a exponer mi razonamiento:
Analicemos el avión desde un gran ventanal. Cuando está en el parking y comienza su maniobra cambia de dirección varias veces, apunta a derecha e izquierda con el morro como si no supiera muy bien a dónde ir. Parece confuso e inquieto. Finalmente, emprende su trabajosa marcha hacia la pista adjudicada. Una vez allí el avión se para unos segundos y a continuación emprende una carrera que a nosotros, desde nuestro ventanal, no nos parece tan rápida, inclusive la mayoría de las veces pensamos: ese avión va demasiado lento, y casi sin darnos cuenta… ¡zas! ¡¡¡El avión está en el aire!!!. Claro que esta descripción sólo la podría hacer alguien desde la barrera, en nuestro caso desde el gran ventanal, pero sucede que las cosas son muy distintas en el ruedo así que cojamos los trastos y marchémonos al interior del avión.
¿Qué está sucediendo cuando el noble aerodino llega a cabecera de pista? ¿Por qué se para? Muy sencillo: el pasaje está meditando. Esta maniobra es la más importante: los pasajeros se están preparando para un gran esfuerzo físico y mental. Están digamos… sincronizando, sí eso es, sincronizando. El trabajo del piloto durante este delicado momento de la pausa es esperar a que la voluntad y la energía de todo el mundo se haya convertido en una sola y esté concentrada en un único propósito: volar.
Cuando el avión se pone de nuevo en marcha, la sensación que percibe el pasaje es la de un toro furioso que se dirige en línea recta hacia un punto del horizonte con intención de atacar, adquiriendo poco a poco una gran velocidad. Los motores resoplan, los engranajes chirrían, ¡¡si hasta la luz la atenúan para intimidarlos!! A final de cuentas corren a toda velocidad por una pista inmensa con el único fin de desafiar a las leyes de la gravedad y volar, y lo harán… sentirán un bote ligero, un leve bamboleo y ¡abracadabra!, ¡¡ya están en el aire!!. A partir de ese momento, el último ruido que oirán será el de las ruedas recogiéndose. Nunca se han preguntado ¿si la insonorización del avión está tan bien lograda por qué los ingenieros aeronáuticos no les ahorran los truenos del despegue? La respuesta es bien simple: porque los efectos especiales son la base de la fe. Para doblar cucharas con la mente basta con ponerse bizco y hacer un movimiento rápido de muñeca pero para levantar un Airbus hace falta muuuucha fe.
Pero sigamos con mi demostración de que todo esto no es otra cosa que magia, nadie se ha preguntado nunca ¿por qué el piloto maniobra a derecha, izquierda, arriba, abajo justo después del despegue ó antes de aterrizar? Pues deberían y seguro que acababan considerando la enorme responsabilidad que gestiona. El piloto es el director de orquesta de todo el pasaje, un equipo formidable que acaba de levantar toneladas sólo con la fuerza de su concentración. Ha sido tan increíble que empiezan a relajarse así que su deber es evitar que todo se vaya a paseo en un momento de indecisión. Luego, más adelante, el avión se sostendrá fácilmente con el terror de un 25% de los pasajeros y la tensión inconsciente del resto. No se preocupen, lo tienen todo muy estudiado. ¿Nunca les han oído decir que el avión es el medio de transporte más seguro del mundo?
En cualquier caso hay más datos que confirman mi teoría de que volar es un truco de magia como por ejemplo las “bolsas de aire”. Perdón, perdón, perdón el piloto lo llama de manera estudiadamente casual, turbulencias. ¿Turbulencias? ¡Venga ya! Estamos a miles de pies del suelo, hemos conseguido hacer flotar un salón lleno de sillones y de pronto nos encontramos con esos extraños seres del inframundo cuyo único propósito es amagarte el viaje y derramarte el café??!!!. Las bolsas de aire son como los Reyes Magos, todos sabemos cómo se llaman, a dónde dirigir nuestras cartas y para qué sirven, pero que el piloto no nos engañe, no existen. Lo único real de las bolsa de aire son sus efectos: inestabilidad, estómago revuelto, pánico, cierta excitación sexual dicen algunos… yo, yo he cogido varios aviones a ver si… pero no, no, yo no… bueno a parte de los efectos que he nombrado a mi me llama poderosamente la atención su admirable coordinación con dos momentos muy concretos del vuelo: comida y película. Sí, te dan tu bandejita y… turbulencia, estás en el mejor momento de la película y… turbulencia.
Pero esto no es todo, no, porque la película se acaba y llega el café. Con el café todos nos relajamos, cerramos los ojos, estiramos las piernas (bueno esto si tenemos espacio, claro) y entonces ¡¡ ding, dong!!! La voz de nuestro querido director de orquesta e inclusive a veces la de nuestro admirado copiloto. Y es que por mucho que alguno se empeñe en que sobra, él es el encargado de transportar durante todo el vuelo los “polvos mágicos” y de pronunciar las 7 palabras, mágicas también, BI BI DI-BA BI DI-BU. Cómo lo explicaría… nuestros pilotos, los protagonistas estelares de este breve relato son como la Puerta de Alcalá, combinan a la perfección el pasado que llegará y está sentado a la izquierda, con el presente que será futuro y se sienta a la derecha.
No se dejen engañar por algún que otro lerdo y necio aficionado de barrera, para que este maravilloso truco funcione varita y polvos mágicos han de ir de la mano…

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Efectivamente Dumbo03,es un gran truco de magia. La magia de volar que nos ilusiona y, de vez en cuando, nos sorprende al ver a esos mastodontes del aire elevarse del suelo. Y además, la forma tan cariñosa, mimosa diría yo, de tratarlos.
La mayoría tratamos a “nuestros” aviones (bueno, los que nos prestan y los hacemos como nuestros) como aquellas bestias delicadas que si no las cuidamos se nos revelan y dejan de ser dóciles, pasando a ser fieras indomables.
Pero para ello, como tú bien dices, hacen falta dos; “el pasado que llegará y está sentado a la izquierda, con el presente que será futuro y se sienta a la derecha”. A pesar que los INCULTOS aeronáuticos de cabezas de ciertas compañías aéreas no lo vean así.
Enhorabuena por el artículo.
Felices vuelos,
Josevi.
Muy bueno Dumbo03, keep on going!
Por fin, por fin entiendo por que desde que me saqué el carné de piloto en casa ocurrían cosas extrañas… sillas que levitaban, mi mujer volando, mi hijo haciendo loopings en el salón, no era otra cosa que la magia de mi concentración.
¡ Ea, pues ya no vendo mi casa por estar encantada !
Felices vuelos sin los innombrables.
Gracias por vuestros comentarios, sois muy amables.
Felices Dumbos!!