Ayer resultó un éxito la concentración de pilotos
en 22 de los aeropuertos más importantes de Europa. El motivo era protestar por la prolongada jornada laboral que según la normativa vigente, se puede aplicar a los pilotos.
Es una autentica hipocresia, que las empresas “lancen a los cuatro vientos” campañas en pro de la seguridad en vuelo, cuando no sólo permiten, sino que aplican la normativa hasta la extenuación. Deberían considerar que un sólo accidente fatal en el que se probase que la empresa forzó la actividad de la tripulación y en el que la fatiga podría ser el desencadenante, podría suponer la ruina de una compañía por la pérdida de confianza de los clientes. Está probado que aún siendo la aviación mucho más segura que el transporte terrestre, el viajero duda más de la seguridad del avión que la del autobús o del tren.
Veamos con datos concretos ejemplos en los que se pueden intuir, con sólo leerlo, atisbos de fatiga:
Imaginemos una línea de cinco días (en algunas compañías no es infrecuente), todos de madrugón (hablamos de levantarse entre las 4.30h y las 6.30h). Uno de los problemas son los hábitos en adaptarse a los horarios, es decir, durante unos días no madrugamos, por lo que nos acostamos tarde y el cuerpo se puede acostumbrar a esto. Pero de repente, los próximos cuatro o cinco días toca madrugón y a esto el cuerpo no se adapta tan fácilmente, sobre todo si por el hábito adquirido, no conseguimos dormirnos hasta las 23.30h o más tarde.
El cuerpo va acumulando cansancio, por no descansar las ocho horas recomendadas. Al no poder conciliar el sueño, la atención a horas tempranas se reduce. Pero el problema se incrementa si la jornada se prolonga durante 12 horas o más. En estos casos, la experiencia de muchos compañeros me avala, el rendimiento de la tripulación, así como la atención y la efectividad, quedan seriamente mermadas, provocando situaciones susceptibles de causar un incidente o accidente a pesar de que seamos siendo rigurosos con los procedimientos.
El gran problema de la normativa vigente, es que sólo considera como factor reductor de la actividad la hora de inicio de actividad y el número de “saltos”, cuando en realidad hay otros factores que producen una gran fatiga como son la meteo adversa, el salir con retraso o con la actividad muy justa, los posibles problemas con el embarque y en aviones donde no se dispone de salas de descanso, ni tripulación reforzada, los saltos de más de 4 horas producen un alto grado de falta de atención, por la monotonía de la operación. Dado que la normativa no puede contemplar todas estas situaciones, se ha recomendado, por parte de un comité de expertos, reducir la actividad a 10 horas, que no deja de ser una “buena peonada” . Recordemos que la gran mayoría de los trabajos tienen una jornada de 8 horas, sin tener responsabilidad alguna.
Sería interesante que de vez en cuando los directivos, realizaran una línea de las de “alta actividad”, para que comprendieran “in situ”, que aunque no llevemos a los pasajeros a cuestas, nos cansamos. Y el problema es que con el cansancio viene el sueño, la falta de atención y la falta de respuesta adecuada, que pueden llevar a que un pequeño error, traspase varias barreras y provoque un accidente.
Especialmente ahora, que hay estudios científicos que avalan el hecho que la fatiga incrementa el riesgo de que ocurra un accidente, es cuando las Autoridades, deben imponer a las empresas la seguridad a la economía.
El famoso lema de “Seguridad, Regularidad, Eficiencia y Economía“, tiene un orden y ese orden NO debe alterarse sino las implacables estadísticas sobre accidentes e incidentes harán su aparición.
Desgraciadamente ya podemos decir como nuestros abuelos:
“Mira hijo, lo tuyo no es trabajar, yo si que trabajaba de sol a sol”.

Rss
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