(Autor desconocido)
En los felices, venturosos y ya lejanos años en que éramos copilotos (¡que época aquella!) se estaba realizando un vuelo nocturno en nuestras hermosas islas afortunadas de los mares del sur, en las Canarias. Concretamente entre el aeropuerto de Las Palmas de Gran Canaria y el Arrecife de Lanzarote, en una noche más bien oscura que clara.
Los protagonistas
La tripulación del citado avión era “estándar”. Bueno, para ser exactos no era lo que habitualmente entendemos por “estándar”, pues tenía alguna que otra “peculiaridad”… peculiaridad que podríamos definir, hablando de su capitán (comandante), como un cierto, no diríamos mal carácter, sino un cierto “carácter especial”, “muy suyo”… ¡Vamos que era un capitán de trato, por decirlo de una manera fina, “un tanto delicado”!… Y lo era porque era un hombre muy difícil, un capi de esos que la gente, cuando habla de él en plan coloquial, habla de que “fuma en pipa”… que es una expresión que entienden muy bien todo el mundo y especialmente los copilotos… Para acercarnos un poco más a nuestro “especial capi” de hoy, podríamos añadir que era un hombre de esos a los que es prácticamente imposible llevarle la contraria en sus juicios de valor… y también en los de volar… ¡¡¡¡Ya me entendéis vosotros!!!!… no me hagáis decir que era un capullo, porque yo no lo voy a decir!!!
¿Y el copiloto?… Pues el copiloto era un aventajadísimo alumno del quinto y último curso de la ALTA ESCUELA VATICANA DE DIPLOMACIA. ¡Qué digo yo ALTA!… ¡ALTÍSIMA ESCUELA!. Y si no, lo comprobaréis vosotros mismos un poco más adelante…
El ambiente
Bueno, con una tripulación de tan marcadas características “aéreo-sociales”, no creo que haga mucha falta que os diga “lo extremadamente fino que hilaba” nuestro copiloto. Máxime siendo este “salto”, al que me estoy refiriendo en esta historieta, el penúltimo del día de una línea de cuatro días en que nuestro diplomático copiloto llevaba “lidiando y sufriendo” a tan “delicado y especial” personaje.
Los hechos
Pues en la citada noche de autos, habían despegado del aeropuerto de LPA sin mayores problemas y, casi en un suspiro, se habían encaramado a unos 20.000 pies, altura de “mini-crucero”, para llegar a Lanzarote.
Todo transcurría dentro de un aparente y armonioso orden y, al llegar a eso de unas 35 ó 40 millas de Lanzarote nuestro “capi” le dijo (perdón le ordenó) al copiloto que pidiera descenso. Concedido éste por el Centro de Control de Canarias, fueron autorizados a una aproximación directa, en contacto a la pista 04 (hoy en día la 03).
Con la autorización de descenso confirmada y con la pista a la vista, bien sea porque nuestro comandante quería acabar pronto el vuelo, o porque iba algo más deprisa de lo normal o porque se había despistado un pelín en el cálculo del punto de descenso (aunque no creo que fuese eso porque, como es bien conocido por todo el personal, los comandantes ni se despistan ni se equivocan nunca…) o porque sencillamente se había quedado algo alto y quería entrar por derecho, o vaya usted a saber por qué razón, ¡A pesar de ello!, comenzó su descenso con una “drástica” reducción de la velocidad indicada.
Tan drástica fue la mencionada reducción de velocidad que el copiloto, viendo la poca altura y la todavía velocidad con que había dejado nuestro capi al noble aerodino (que nada de culpa tenía en las difíciles relaciones copiloto-comandante y viceversa) comenzó primero, como medida precautoria para hacerse notar sin demasiada ostentación, a dar con los nudillos de su mano derecha unos ostensibles golpecitos de mosqueo a la aguja de su anemómetro… y eso lo hizo con la esperanza de llamar la atención de su capitán para que éste reaccionase…. Vana esperanza la suya, pues fácilmente os podéis imaginar que nuestro capi siguió a lo suyo (a lo de reducir su velocidad) sin inmutarse un pelo por la acción de su copiloto a quien por supuesto ignoró totalmente.
Como aquel intento de llamar la atención no cristalizó en nada positivo, no se le ocurrió a nuestro héroe otra cosa que intentar atraer la atención de su capi por el viejo y conocido procedimiento de comenzar a moverse nerviosamente en su asiento, cosa que ejecutó de inmediato, dando la sensación de que un imparable e incontrolable “baile de San Vito” se había apoderado de él…
Pero esa hábil maniobra, señores míos, como también se puede colegir fácilmente, dio como resultado la más fría indiferencia por parte de su atareado comandante: ¡Como el que oye llover!: el capi a lo suyo, a seguir reduciendo… y nuestro copiloto ¡a sufrir!
Aquello (la aguja del anemómetro), seguía “patrás” a tan vertiginosa breada que nuestro copiloto no pudo evitar que el recién iniciado baile de San Vito tomase un cada vez más acelerado ritmo, ritmo que para mayor “INRI” se le complicó con unos terribles e incontrolables escalofríos que se le iban y se le venían…. ¡Y comenzó a sudar abundantemente!. Pero sus sudorosos sudores, fríos unos y otros calientes, aunque ustedes no se lo crean, tampoco aliviaron demasiado su delicado problema. ¡No sirvieron de nada!.
Ante tamaña y delicada situación, grave por demás, y habida cuenta de que tanto la velocidad como la altura continuaban en su, al parecer, imparable marcha atrás, no sabiendo bien cómo decírselo al capi sin incurrir en su violenta ira, puso su cerebro en “potencia máxima continuada”, pasándolo en un 15 % de revoluciones y echó rápidamente mano de sus muchos recursos diplomáticos y, como resultado de ello, comenzó a decir en voz clara y alta:
¡Hay que ver qué mala es la gente! ¡Hay que ver la mala leche que tienen algunos! ¡Hay que ver cómo se las gasta el personal!…
Dicho lo cual, miró de reojo a su capi para ver si había conseguido alguna reacción esperanzadora, pero como, al parecer, la cosa seguía su curso, es decir ¡ni caso! volvió a repetir otra vez:
“Hay que ver lo mala, lo malíííííísima que es la gente!… ¡parece mentira la mala leche que se gastan por ahí el personal!… ¡Los infundios que se inventa la gente de mala baba…! ¡Lo que hace la maledicencia ignorante…! ¡Tanto listillo por esos mundos de Dios que no tienen ni p… idea de nada!
Y eso lo decía y lo repetía una y otra vez en voz cada vez más alta, más clara y más fuerte, mientras no le quitaba ojo a la “descendente” aguja de su anemómetro y a la “decadente” aguja de su altímetro, hasta que el capitán, nuestro “difícil” capitán de hoy, intrigado por tan extemporáneas expresiones, se volvió a su copiloto y le dijo:
¿Qué c…. es eso de la mala leche y la mala baba que andas mascullando entre dientes tu solo?
Y ahí, señores míos, en ese preciso momento, justo al oír la bronca voz de su capi dirigiéndose a él, pobre mortal, nuestro agudo y diplomático copiloto, ¡vio el cielo abierto!
Respiró rápido, (porque el tiempo apremiaba) pero hondo, y con una cierta premura, por aquello de que la velocidad se aproximaba a gamas altamente peligrosas, pero con una gran aparente calma para encubrir de alguna manera la urgencia que le embargaba, creyó haber encontrado la solución a todos sus males y respondió:
¡Sí, hombre sí…! ¡Sí!, le dijo, Andan diciendo por ahí esos listillos de pacotilla que este avión entra en pérdida irremisiblemente, que se cae como una piedra a los 113 nudos… nosotros llevamos 98 nudos… y todavía no nos hemos caído…!!!!!


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¡¡Ja, ja, Dumbo03!!
Ese capy era maya, ¿verdad? “Usease”, de los que van “durmiendo” y cuando “despiertan” responden: “…grfrgrgfgsss…,…¿m’a yamao?…”.
Aunque también están los aztecas, aquelllos amantes de la noche, que nada más verte en firmas y para poder gestionar la próxima velada te espetan: “…mmmmm, azte cargo”.
Entre otros pertenecientes a otras culturas que ahora mismo no recuerdo.
Un saludo.
Un 10 en diplomacia sin duda…me recuerda al mítico 82% de cierto personaje, al que no le afectaban ni conocía los “mantenga nivel” o “reduzca a 220 kts”, ¡82% es 82% chaval!. Esto NO es Bambi.
Por cierto, automáticamente me apropio de la citada táctica diplomática…nunca se sabe con quien va uno a volar…
Jajaja ¡¡¡Pedazo artículo!!!
Esto sí es diplomacia, psicología, … llámalo como quieras. Lo que falta en las historia es C R M y ya se sabe…. “en vuelo los procedimientos y limitaciones no se discuten SE CUMPLEN”, ¿Estáis de acuerdo compañeros?
Felices Vuelos…
eijaijeijiajieja será por hacernos unas risas???!!!
Ten en cuenta “el que manda sabe más y siempre tiene razón”. Buena anécdota. Saludo de un nuevo componente, Juan-Rigel